Cayetana Fitz-James Stuart
Conocida simplemente como la Duquesa de Alba, Cayetana Fitz-James Stuart (1926-2014) fue una de las figuras aristocráticas más mediáticas de España.
Nacida en el Palacio de Liria de Madrid, hija de Jacobo Fitz-James Stuart, XVII duque de Alba, y de la unigénita de los duques de Híjar, María del Rosario de Silva y Gurtubay, marquesa de San Vicente del Barco (título que ostentó Cayetana desde la temprana muerte de su madre, en 1934).
Cayetana Fitz-James recibió por cesión el ducado de Montoro al ser presentada en sociedad en 1943, y en 1953, a la muerte de su padre, sucedió en la totalidad de sus títulos, a los que se añadieron los de sus abuelos maternos.
Se educó fuera de España debido, entre otras causas, a la proclamación de la Segunda República en 1931 y a la Guerra Civil.
Contrajo un primer matrimonio, el 12 de octubre de 1947, con Pedro Luis Martínez de Irujo y Artacoz (1919-1972), hijo de los duques de Sotomayor, y, tras cinco años de viudez, el 16 de marzo de 1978 contrajo segundas nupcias con Jesús Aguirre y Ortiz de Zárate (1937-2001), doctor en Teología, exsacerdote y en ese momento director general de Música. Durante su primer matrimonio nacieron sus seis hijos, a cada uno de los cuales cedió sendas Grandeza de España en diferentes momentos, Carlos Fitz-James Stuart y Martínez de Irujo (invirtió el orden normal de sus apellidos para anteponer el materno), duque de Huéscar (por cesión de su abuelo en 1948); Alfonso Martínez de Irujo y Fitz-James Stuart, conde de Aranda y de Palma del Río, duque de Aliaga desde 1950 (denotando que estaba llamado a ostentar la Casa de Híjar, lo que sucedió en 2013); Jacobo, conde de Siruela; Fernando, marqués de San Vicente del Barco; Cayetano, conde de Salvatierra de Miño y duque de Arjona, y Eugenia, duquesa de Montoro, todos los cuales, salvo Fernando –que se mantiene soltero-, le dieron larga sucesión de nietos.
Fue la XVIII Duquesa de Alba y ostentó más títulos nobiliarios que ninguna otra persona en el mundo, un reflejo de siglos de historia española, era cinco veces duquesa, dieciocho veces marquesa, veinte condesa, vizcondesa, condesa-duquesa y condestablesa, además de ser catorce veces grande de España, la mayor dignidad nobiliaria del Reino.
Su vida, a pesar de su cuna privilegiada, estuvo marcada por una fuerte personalidad y un espíritu libre. Mujer activa y polifacética, que gozó de gran popularidad y cuyas actuaciones fueron seguidas con interés por la prensa, la XVIII duquesa de Alba de Tormes lo fue también de Híjar, de Liria y Jérica, condesa-duquesa de Olivares, marquesa del Carpio, condesa de Lemos, condestablesa de Navarra, condesa de Miranda del Castañar, de Osorno, de San Esteban de Gormaz, señora de Moguer, etc., y titular de más de una docena de Grandezas de España. Miembro de la Hispanic Society of America, de Nueva York, alcaldesa honoraria de Liria, Hija Adoptiva de Sevilla y Predilecta de Andalucía, presidenta de honor de Cruz Roja Española, Medalla de Oro de Madrid (otorgada como agradecimiento por la restauración del palacio de Liria, que quedó arrasado en 1936 durante la Guerra Civil); estuvo en posesión de las Grandes Cruces de Isabel la Católica, de Alfonso X el Sabio, de la Beneficencia y de la Orden Constantiniana de San Jorge. Fue, además, académica de la Real Academia Hispanoamericana de Artes, Ciencias y Letras de Cádiz y de la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría de Sevilla.
Cayetana desafió las convenciones sociales de la nobleza en múltiples ocasiones, especialmente a través de sus matrimonios y su vida pública, que gestionó con una singular mezcla de tradición y modernidad. Se casó tres veces, siendo su último matrimonio con un funcionario sin título un acto que acaparó titulares y demostró su independencia y determinación personal frente a la presión social. Aunque no fue una activista feminista en el sentido tradicional, su fuerte individualidad y su rechazo a vivir según el guion impuesto por su estatus la convirtieron en un símbolo de la mujer que ejerce su voluntad, incluso dentro de las rígidas estructuras de la aristocracia, inspirando a muchos con su autenticidad innegable.
Cabe destacar que en 1976 se constituyó la Fundación Casa de Alba, institución que permite mantener sin dispersar el legado artístico y documental que custodia esta familia desde hace siglos y que incrementaron notablemente tanto el XVII duque como su hija, Cayetana, a la par que sirve para su conservación, catalogación y puesta a disposición de los investigadores que precisan estudiarlo y de sectores de público que pueden admirarlo, bien en los palacios de la familia vinculados a la mencionada fundación, bien en las exposiciones a las que se prestan estos fondos.
Fuentes: