Lola Flores
Cantante, bailaora y actriz española (Jerez de la Frontera, 1923 – Madrid, 1995), cuyo verdadero nombre era Dolores Flores Ruiz. Desde muy pequeña demostró sus cualidades para el cante y el baile. Su admiración por Pastora Imperio le llevó a seguir con sus inquietudes hasta que conoció a Manolo Caracol, quien la tuvo en su compañía durante unos meses cuando apenas contaba con quince años. Toda la familia estuvo un tiempo en Sevilla hasta que recaló en Madrid, no sin antes conocer a otras figuras importantes de la canción como Estrellita Castro o el maestro Manuel López-Quiroga, quienes le animaron a seguir con su carrera. Cine y canción iban a ser los pilares sobre los que se asentaría la carrera artística de Lola tras la contienda civil.
Su primera película fue Martingala (1940), de Fernando Mignoni, interpretando a una gitana. Su sueldo fue de 12.000 pesetas, algo nunca imaginado por ella. Durante los años cuarenta realizó una serie de giras por diversas provincias españolas con un espectáculo montado por el empresario Juan Carcellé. Su canción más importante de aquella etapa fue “El lerele”, que pasado los años se convirtió en un gran éxito. Sin embargo, no contenta con deambular de una ciudad a otra o ir de pueblo en pueblo, decidió montar su propia compañía con la ayuda de uno de sus primeros acompañantes. Para su proyecto (espectáculo que llamó Zambra) contrató a Manolo Caracol, iniciando una de sus etapas más fructíferas y populares, además de vivir un apasionado y turbulento romance.
De su trabajo en común se conserva la película Embrujo (1946), de Carlos Serrano de Osma, director que logró uno de sus trabajos mas personales y ambiciosos, aunque a la pareja protagonista no le reportara en exceso más popularidad, y La niña de la venta (1951), de Ramón Torrado, que sí le ayudó a alcanzar un éxito mayor a ambos, aunque su unión ya tocaba a su fin. Lola ya era conocida en el extranjero. Su repertorio aumentaba sin descanso y comenzó a grabar discos y a consolidar su carrera; “La zarzamora” fue una de sus canciones más emblemáticas de la época.
Lola Flores, «La Faraona», es uno de los mayores iconos de la cultura española del siglo XX. Más que una artista de flamenco y copla, Lola fue una fuerza de la naturaleza que inventó su propio lenguaje. En una España rígida, ella representaba la libertad, el temperamento y una forma de entender la feminidad que no entendía de sumisiones. Su genio no residía solo en su voz o su baile, sino en una personalidad arrolladora que desafiaba cualquier clasificación.
Lola fue una mujer valiente que gestionó su propia carrera y su imagen pública con una modernidad asombrosa. Habló de temas como el amor libre y las dificultades de las mujeres con una honestidad desarmante. Su legado es el de la autenticidad y la resiliencia racializada; ella demostró que ser mujer y artista requería una voluntad de hierro para mantenerse siempre en la cima. Lola Flores sigue siendo un símbolo de empoderamiento vital y de orgullo cultural para generaciones de mujeres.
Fuentes: