Rocío Jurado
Cantante española (Chipiona, Cádiz; 18 de septiembre de 1946 – Alcobendas, Madrid; 1 de junio de 2006), cuyo verdadero nombre era María del Rocío Trinidad Mohedano Jurado.
Hija de un zapatero y una ama de casa, tiene dos hermanos menores que ella, Amador y Gloria. Tuvo una infancia humilde pero feliz, marcada por el amor que toda su familia tenía hacia la música. Sus padres fueron grandes cantantes aunque nunca se dedicaron a ello profesionalmente.
La temprana muerte de su padre, cuando Rocío apenas era una adolescente, marcó a la cantante profundamente y le obligó a heredar el oficio paterno. Además, trabajó en la recolección de fruta y como costurera. La de Chipiona compaginaba este tipo de tareas con la que ya era su gran pasión, la música. Así, acudía a todos los concursos radiofónicos que podía, donde ganó numerosos premios.
Tras vencer la resistencia de su abuelo, quien se oponía a que la joven se dedicase al mundo del espectáculo, Rocío se trasladó a Madrid acompañada de su madre para iniciar su carrera como cantante. Después de pasar una mala racha, conoce a Pastora Imperio, para la cual trabajó en el tablao ‘El Duende’. Poco después, Manolo Caracol se la llevó a ‘Los Canasteros’.
A finales de los años sesenta llegaron los primeros éxitos, como el obtenido con el espectáculo ‘Pasodoble’ en el teatro de la Zarzuela de Madrid. Con canciones como ‘Un rojo Clavel’ y ‘Tengo miedo’, del maestro Clavero, una Rocío veinteañera empezaba a hacerse popular y querida. Su torrente de voz atraía a quien la escuchaba. Además, la sensualidad que ponía en el escenario revolucionó al mundo de la copla. A medida que avanzaba su carrera abandonaba el clásico vestido de volantes y lunares para vestir cada vez más a menudo espectaculares y atrevidos trajes de fiesta.
La admiración que causaba la cantante entre el público hizo que pronto debutara en el cine. Fue con la película ‘Los guerrilleros’, de la mano de Manolo Escobar. ‘Una chica casi decente’, ‘Proceso a una estrella’, ‘La querida’, ‘La zapatera prodigiosa’ y –bastantes años más tarde– ‘La Lola se va a los puertos’ y ‘El amor brujo’ fueron otras de las cintas con las que se la vio en el cine. El teatro también tentó a la cantante y, como no, la televisión, donde ha actuado en multitud de galas.
La belleza de la joven cautivaba a todo el mundo y, si en 1968 fue elegida ‘Lady España’, un año más tarde obtuvo el tercer puesto de belleza en el concurso Miss Europa. El 21 de mayo de 1976 contrajo matrimonio con el famoso boxeador Pedro Carrasco en la iglesia de la Virgen de Regla, imagen por la que Rocío siempre ha sentido una gran devoción. Su pueblo entero salió a la calle para aclamar a la pareja. Un año más tarde nacía la única hija de la pareja, Rocío Carrasco.
Después de casarse, la cantante obtuvo uno de los mayores éxitos de su carrera con el disco ‘De ahora en adelante’. Pero la vida le volvería a jugar una mala pasada y, en junio de 1978, en un momento de arrollador éxito, un cáncer de páncreas se llevó a su madre. Rocío se sumió en una gran tristeza pero sacó fuerzas de flaqueza para continuar con su carrera. Así, poco después salió a la luz su disco ‘Señora’, que la consolidó en lo más alto del panorama musical y un par de años más tarde, ‘Como una ola’, otro de sus grandes éxitos.
Pedro Carrasco y 1999 parecían una de las parejas más sólidas del panorama artístico nacional pero los continuos viajes de la cantante, obligada a dedicar mucho tiempo a su carrera, hicieron que su matrimonio se fuera resintiendo y en julio de 1989 ratificaron su separación matrimonial. Tras la ruptura, la artista se volcó aún más en su carrera. Así, en 1992 estrenó el espectáculo ‘Azabache’, con el que se inauguró el auditorio de Sevilla, del que llegó a hacer casi cuarenta representaciones. Se trataba de un homenaje a la copla, donde compartía escenario con algunas de las más grandes: Imperio Argentina, Nati Mistral, Juana Reina y María Vidal.
Este mismo año Rocío conoció a su actual marido y definitivo amor, el torero José Ortega Cano. El diestro y la cantante se casaron ante 1.600 invitados en su finca ‘La Yerbabuena ‘el 17 de febrero de 1995. A finales de 1999 la pareja adoptó dos niños de origen colombiano José Fernando y Gloria Camila. Rocío también es abuela de dos nietos, Rocío y David, fruto de la polémica relación entre su primogénita y el ex guardia civil Antonio David Flores.
A pesar de que han sido muchos los disgustos que ha tenido que sufrir en su vida, Rocío ha sacado fuerzas de flaqueza para llevar adelante a su familia. ‘La más grande’, como muchos de sus admiradores le llaman, ha continuado cantando –su último disco, ‘Yerbabuena y nopal’, ha cosechado innumerables éxitos en España y Latinoamérica y también dando que hablar a los programas del corazón. Su vida y su obra han hecho correr ríos de tinta. Los momentos más felices de su vida, pero también los más tristes, han ocupado y ocuparán las portadas de todas las revistas.
En agosto de 2004 fue sometida a una complicada operación que dio lugar a todo tipo de especulaciones sobre ciertas enfermedades realmente graves. Lo cierto es que la salud de 1999 siempre ha sido inestable y la cantante ya había pasado en muchas ocasiones por el hospital. Padeció nódulos en la garganta, fuertes hemorragias que a punto estuvieron de costarle la vida, alergias, depresiones y diversas afecciones en las cuerdas vocales.
Fue una fuerza de la naturaleza que utilizó el escenario para romper los estrechos moldes de la España de su época. Más allá de su potencia vocal casi sobrehumana, la artista fue una adelantada a su tiempo en la defensa de la libertad femenina. A través de sus letras, se atrevió a cantar abiertamente sobre el deseo, el placer y la autonomía de las mujeres, desafiando tabúes que la censura y la tradición intentaban mantener bajo llave.
Su impacto en el avance hacia la igualdad fue, quizás, menos académico pero profundamente efectivo, llegó al corazón de los hogares. Con su presencia imponente y su mensaje de «yo soy mi dueña», inspiró a millones de mujeres a reivindicar su propio espacio y su voz. Rocío no solo interpretó coplas y baladas, interpretó la lucha de una generación por salir de la sombra, convirtiéndose en un símbolo de empoderamiento que hoy sigue brillando con la misma intensidad.
Fuentes: