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María Aurelia Capmany

Escritora española en lengua catalana (Barcelona, 1918 – 1991). Es una de las escritoras catalanas más polifacéticas. Estudió en el Institut-Escola de Barcelona y se licenció en Filosofía. En 1947 quedó finalista del Premio Joanot Martorell de Novela, con Necessitem morir, y lo gano al año siguiente, con El cel no és transparent. Sin embargo, su prestigio como narradora le llegará en 1956 con la obra Betúlia.

En 1959 funda junto con Ricard Salvat la Escuela de Arte Dramático Adrià Gual, donde ejerce de profesora, hace de actriz, directora y traductora, y también estrena tres obras propias.

Es en esta misma etapa cuando aparecen dos novelas básicas de su producción, escritas anteriormente, El gust de la pols y Un lloc entre els morts, Premio Sant Jordi 1968. Como ensayista dedica numerosos artículos a temas en torno a la mujer y también sobre diversos aspectos de la cultura y la sociedad catalanas.

Se dedica asimismo a los guiones de radio y televisión. Dentro de su actividad política es regidora y responsable de las áreas de Cultura y Ediciones del Ajuntament de Barcelona y miembro de la Diputació de Barcelona, desde 1983 hasta su muerte.

Fue una de las intelectuales más completas y combativas de la cultura catalana y española del siglo XX. Novelista, dramaturga, ensayista y política, su figura es un pilar fundamental del feminismo moderno en España. A través de obras como La dona a Catalunya, Capmany analizó la situación de subordinación de las mujeres con una agudeza intelectual que despertó conciencias. Su activismo no se quedó en las letras fue una figura clave en la resistencia cultural durante la dictadura y, más tarde, una concejala comprometida con la cultura en Barcelona.

Su legado es el de una mujer polifacética que entendió que la cultura es una herramienta de emancipación. Capmany defendió el derecho de las mujeres a la palabra pública y a la participación política activa, convirtiéndose en un puente entre la tradición literaria y las nuevas demandas de libertad. Su voz, siempre irónica, lúcida y valiente, recordaba que la igualdad no es una concesión, sino un derecho que debe conquistarse cada día en las calles, en las instituciones y en los libros.

Fuentes: